sábado, 19 de noviembre de 2022

En fatal accidente pierden la vida tres integrantes del conjunto "Los Cantores de Salavina"

 


Un accidente de trágicas consecuencias se produjo en la ruta 3, jurisdicción de nuestro partido. Un automóvil que circulaba a alta velocidad embistió al acoplado de un camión que se encontraba detenido y resultó completamente destrozado, perdiendo la vida tres de las cinco personas que viajaban en su interior.. En tanto que las otras dos resultaron heridas de consideración.

El automóvil a que hacemos referencia procedía de Bahía Blanca, y en el mismo viajaba el celebrado conjunto Los Cantores de Salavina, integrado por Osvaldo Duthu, Luciano Duthu, Antonio Ramírez y Víctor Alberto Quinteros, a quienes acompañaba Alberto Fort, amigo de los nombrados y quien estaba a cargo del volante del coche de su propiedad, que era un Di Tella 1500, chapa-patente de la provincia de Buenos Aires 1.147.059. Los nombrados se dirigían desde la ciudad atlántica a la localidad de San Cayetano, donde debían presentarse esa noche (martes 15) a las 22. Como habían demorado la salida viajaban a marcha acelerada, a los efectos de llegar a destino a la hora en que estaba anunciada la actuación, y esto, juntamente con el estado resbaladizo de la carretera por causa de la humedad ambiente, pudo haber tenido mucho que ver en la catástrofe.

Cuando el coche se aproximaba al kilómetro 514,500 - sea a la altura del camino de acceso a la localidad de Micaela Cascallares, el conductor advirtió, en medio de las sombras de la noche, eran las 19.45 la presencia de un camión, por cuyo motivo apretó violentamente los frenos, según puede colegirse por las señales que las ruedas dejaron en el afirmado; pero ya era demasiado tarde, pues el obstáculo ya estaba encima, y aunque el manejante trató de desviarse con un violento viraje, no pudo evitar el choque, que fue terrible, al punto que todo un costado del rodado fue prácticamente arrancado, quedando también des- trozado casi todo el resto del vehículo.

Las tres personas que viajaban en el asiento trasero sufrieron más que sus compañeros que iban adelante los efectos del impacto. Aquellos eran Luciano Duthu, Victor Humberto Quinteros y Antonio Ramirez, quienes murieron instantáneamente, en tanto que Osvaldo Duthu y Jorge Alberto Fort sufrieron heridas de consideración.

El camión, que se había detenido por desperfectos, era un Fiat, chapa-patente 835.474, perteneciente a la empresa CITI, de la Capital Federal. Lo conducía Pedro Segundo Marinero, soltero, de 24 años, domiciliado en la metrópoli, a quien acompañaba Francisco Moyano. Se dirigía hacia Comodoro Rivadavia con mercaderías generales.

Inmediatamente, los camioneros trataron de auxiliar a las victimas luego de ver el cuadro desgarrante que ofrecían. A tales efectos intentaron obtener el concurso de automovilistas que pasaban por el lugar, pero tres de ellos no se detuvieron. Recién el cuarto y quinto vehículos pararon era un Rambler y el segundo una camioneta Di tella, cuyos ocupantes se prestaron, en un rasgo de solidaridad humana, a trasladar a los muer tos y heridos a Tres Arroyos. Los condujeron al Hospital Pirovano, en cuya morgue fueron depositados los mientras que a los heridos se los internaba para su rápida asistencia. El primero en atender a últimos fue el doctor Fontán, quien estableció que Osvaldo A. Duthu presentaba una ligera conmoción a estos cerebral. y Fort también una conmoción cerebral de carácter reservado, y heridas cortantes. El último de los nombrados a ser trasladado a Bahía Blanca en horas de la madrugada.

Publicada originalmente en Revista Folklore Nº 53 (octubre 1963)


Chacarereando con Miguel Simón

 


Bajo el quebracho del patio el mate iba y venía como el péndulo de un reloj. También iban y venían los cuentos, los chistes, las nostalgias. Acabábamos de comer unas empanadas en el amplio comedor de la casa y asentábamos la comida con unos verdes. Nora Urdinola, Marcelo Santillán, Los Manseros Santiagueños y Cacho González acompañaban a Folklore en à visita a la casa de una de las familias "musiqueras de Santiago del Estero y la rueda se había agrandado con los hijos y los nietos de don Miguel Simón, uno de los famosos Hermanos Simón.

Pronto la chacarera nos envolvió todos. Don Miguel se animó, pidió su bandoneón y ya estábamos todos acompañando con palmas...

De pronto, se paró la música y se inició una charla sobre la "Apología de la chacarera". Su origen e intérpretes. Como no se ponían de acuerdo, ya que Nora opinaba que la había oído interpretada por primera vez por Eduardo Avila cuando integraba una delegación provincial al Festival de Cosquin y se la creía anónima, don Miguel propuso aclarar y documentar el hecho. Así fue como, entre mate y mate, entre zamba y zamba bailada por Marcelo y Nora, entre chacarera y chacarera matizadas con tortilla al rescoldo, nos enteramos de algunas cosas relatadas por boca de Miguel Simón.

-No hace mucho me escribió don Atahualpa Chavero Yupanqui desde París. Me pedía que cuando fuera al cementerio, le pusiera una flor de ucle a la tumba de mi hermano José, en su nombre. Lo estimaba mucho porque mi hermano tiene muchas obras lindas y auténticas, que a don Ata le gustaban. Además una hermosa amistad nos unió desde muchos años atrás.

Recuerdo cuando estábamos actuando en el Rancho de Atahualpa, en Tucumán llevaba su nombre pero él no se ocupaba de eso. Atahualpa venía todas las noches a comer con nosotros y nos contábamos muchas cosas. Era 1964, más o me- nos. José recitaba en ese lugar la "Apología de la chacarera' que Julio Gerez había escrito entre los años 42 al '45, y que el Dr. Faro -abogado y letrista- había completado y arreglado. Nuestro conjunto había estrenado ese poema en el casino de Termas de Rio Hondo en 1953 y desde entonces lo incluíamos frecuentemente en nuestras presentaciones porque gustaba mucho al público.

Un día Yupanqui le dijo a José que no había dormido en toda la noche pensando en una glosa sobre la vidala que finalmente escribió. para que José la dijera. Es ésta.

Miguel nos acerca entonces un papel ya un poco ajado, don- de leemos, con la letra característica de A. Yupanqui: "Copia para el amigo José Simón. Para que rece la copla cuando se proporcione": firmado: Atahualpa Yupanqui, 21/IX/65.

Es la glosa que hacia el Chucaro en sus espectáculos y que también dice Leocadio Torres. Dice: "Me está quemando en el pecho/la copla de la vidala/y ando solo por el mundo no tengo bombo ni caja. / La vida es todo camino / toda recuerdo y distancia y esta copla consumiendo mi corazón en sus brasas. Allá por sobre los montes la luna redonda pasa ¡Ay si pudiera ayudarme, ay si la luna bajara!/ Si la tuviera en mis brazos / tendría la mejor caja pa tinquiarla despacito mientras suelta la vidala. Para cantarle a Mailin /a Añatuya, a La Banda, / Herrera, Suncho Corral / a Salavina y Barranca y andar por todo Santiago con una luna por caja después perderme en el monte buscando la Salamanca."

Los Hermanos Simón comenzamos diecisiete años antes que Los Hermanos Abalos. Nos iniciamos en el año 35 actuando en el Cine-teatro Renzi y en el 37 inauguramos las pruebas para la radio santiagueña LV11.

Antes actuábamos en el conjunto de Basualdo porque todos los que estábamos con Chazarreta seguimos con él.

Justamente, hablando de Basualdo, me acuerdo que en el casamiento suyo, donde don Andrés Chazarreta era el padrino. Se tocó La López Pereyra, zamba que se hubiese tal vez perdido si fuera porque don Andrés la recopiló y publicó en el año 20. Nadie puede adjudicar la paternidad de esa obra. Y es imperdonable la actitud de los amigos salteños que promovieron todo ese asunto. Esa es una zamba mostrenca, igual que la de Abril. Tengo mis razones para decirlo porque viví muchos años en Salta y Jujuy. El Payo Solá murió prácticamente en mis brazos, así que miren si tengo también mis raíces extendidas hasta allá.

No sólo hemos recorrido todos. Los escenarios del país con el conjunto, sino que todo el país viene a mi casa. Ahora por ejemplo, los que estamos, somos casi una convención de provincias. Los Manseros dicen que me van a dedicar una foto para ponerla en la puerta pa' que no entren los gatos. Aunque gatos les dicen a los tucumanos, ¿no?

-Bueno, gatos hay en todas partes...

Una guitarra interrumpe el relato de Miguel Simón. Y todas las voces se unen en la chacarera que tiene Miguel con el Cacho Lobo... Y el canto se llevó los cuentos y los chistes. Ya no pudimos sacarle nada más...

Publicada originalmente en Revista Folklore Nº 288 (diciembre 1978)



viernes, 18 de noviembre de 2022

Dicen Los Hermanos Simón: En la música criolla de ritmo bailable se objetiva el espíritu retozon y andariego del nativo.

 


ENTRE los valores del folklore argentino, particularmente del regional norteño, los hermanos Simón tienen ganado ya un lugar de alta consideración. Compositores y ejecutantes de nuestra música nativa, de ingenua expresión y típico colorido, se han incorporado a los creadores vernáculos con una dignidad propia y característica, dentro de las modalidades del género.

El Simón son santiagueños de nacimiento, descendientes de siriolibaneses, llevan en la sangre un signo racial definitivamente enraizado en la vida y costumbres del Noroeste. He aquí otro caso singular, como el del salteño Falú, de folkloristas que, sin ser producto genuino de generaciones identificadas en el medio geográfico e histórico, según las leyes biológicas, son auténticos intérpretes del ser natural que les rodea. El éxito de las composiciones de este conjunto, sin olvidar que los Simón son autores de méritos propios, lo revela bien a las claras el hecho de que ellas sean grabadas en la actualidad por las figuras más cotizadas de la canción popular como: Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Hugo Díaz, Los Cantores de Salavina, Martínez-Ledesma, etc.

DON JUAN, EL PADRE... FORMACIÓN ARTÍSTICA

Esto fue en los primeros años de la adolescencia, allá por 1920 y 1922.

Por entonces Don Juan, padre de los Simón, tenía un negocio de confitería en el mercado viejo de la ciudad, el cual conservaba, hasta su demolición en 1936, el característico aspecto de una aldea colonial, El negocio era muy frecuentado por improvisados guitarreros que no por tales dejaban de tener aprestos de payadores. Don Juan, no obstante su origen árabe, tenía predilección por la música criolla, alentaba y favorecía en su negocio las manifestaciones primerizas de recordados cultores santiagueños como Werfild Maldonado, Ramón Oviedo, "Pibipi" Arce, nombres que se recuerdan siempre frescos en el historial lugareño, otros, como Tapia y Orellana, aparecen borrosos en la reminiscencia, el payador de a caballo José Mariscal, que cantaba con sugestiva fluidez en las fiestas religiosas y populares de los aledaños, y también en los entreveros políticos y partidarios.

Naturalmente en aquella época atraían la atención del público concurrente al lugar, y en mayor grado de los chiquillos que olvidaban sus mandados, entre de los chiquillos, como es de presumir, los hijos del comerciante, es decir los hermanos Simón, que no tardaron en familiarizarse en la ejecución de la guitarra, destacándose bien pronto Juan, que se convirtió en el centro de interés de cuantos frecuentaban la confitería.

CINCO HERMANOS... UN GRUPO FAMILIAR..

JUANITA:

Vocalista, casada, tiene tres hijos, dos mujeres y "Cachito", de 8 años, entusiasta guitarrista y ya se perfila como un precoz artistas del bombo.

JOSE:

Es el mayor de los hermanos, guitarrista del conjunto, es padre de cuatro hijos, un varón bachiller, y las niñas estudian, en la Universidad, en el magisterio y en la escuela primaria; comenzaron, además, con el piano y la guitarra.

JUAN:

Primera guitarra, primero en proyectarse al público a través de sus ejecuciones, empleado en Salud Pública de la Nación, tiene cinco hijos, todos varones; uno de ellos maestro de obras de la Escuela Industrial; otro, oficial de Policía, y los demás estudian en el curso secundario.

MIGUEL:

Bandoneonista, instrumento básico del conjunto, pertenece al personal de Salud Pública de la Nación. Tiene cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. El mayor se dedica al co- mercio, y el menor ingresó a la escuela primaria, las mujeres son maestras.

RICARDO:

Bombista, es el más joven de lo: hermanos Simón. Empleado preparador de farmacia. Tiene una hija de 11 años y otra de 3 años. Posee condiciones singulares para la ejecución del bombo.

Como se ve, los hermanos Simón no sólo forman un con- junto musical, sino un importante grupo familiar, digno de especial consideración en el coeficiente demográfico.

Publicada originalmente en Revista Folklore Nº 74 (2/6/1969)

 

Mario Arnedo Gallo evoca a Benicio “Soco” Díaz:

 


Admiradores de Salgán y de Villegas, los jóvenes de entonces gustaban del jazz. Y lo que Mario comenzó a practicar. Pero por allí estaba don Andrés Chazarreta con su pasión por el folklore y los hermanos Díaz con sus chacareras que, poco a poco, lo fueron influenciando para volverlo hacia el folklore.

Arnedo Gallo vuelve a su pasado para recordar a Julián y Benicio "Zoco" Díaz, empleados en Tribunales.

-Sencillo y talentoso, Benicio había hecho hasta el 4º año de medicina, pero la práctica de su trabajo en tribunales lo llevó a escribir un folleto sobre "Procedimiento Penal" que fue un poco la biblia de los noveles abogados santiagueños. Benicio era tan sensible comenta Mario que me agradecía por invitarlo a comer sin la guitarra. Es que la interesada costumbre de la gente, de invitar a los artistas con el único objeto de utilizarlo para animar sus reuniones, es lamentablemente muy divulga- da en nuestro medio, como si el arte no fuera un trabajo como cualquier otro y debiera regalarse como una muestra sin valor.


Santiago del Estero: Corazón folklórico nos da hombres como “Cachilo” Díaz

 


Visitando en Santiago del Estero, en una cálida tarde de invierno, a un amigo poetas, la conversación recayó, naturalmente, en lo folklórico. ¿Qué pasa en Santiago con el folklore? ¿Gustan los santiagueños del cancionero de Leo Dan más que el de Chazarreta? Nos propusimos averiguarlo y comenzamos a requerir datos y direcciones de los más renombrados músicos del lugar. Sólo disponíamos de unas horas en esa capital norteña y queríamos aprovecharlas bien.

 -Puede comenzar sus visitas por lo de Cachilo Diaz -nos dijeron. 

-¿Dónde vive? En Santiago, todo queda "ahicito nomás". También lo de Cachilo Díaz.

En efecto. Dimos vuelta a la esquina y ahí, a media cuadra, abría sus brazos acogedoramente la fachada de un viejo chalet provinciano pintado de blanco, con añosos árboles y plantas de jardín. Golpeamos las manos y salió a recibirnos una señora, que luego supimos era la esposa del músico. Sin saber quiénes éramos; sólo el expresado deseo de cambia: unas palabras con el dueño de casa, bastó para que nos hiciera pasar al vestíbulo. Allí, en un hall transformado en estudio, un pequeño de unos nueve años deletreaba las notas de una partitura y tocaba en la guitarra, demasiado grande para él. El maestro nos saludó sin demostrar extrañeza ante nuestros rostros forasteros, pero su rostro se mostró muy expresivo cuando le dijimos nuestros nombres y el de la revista. De repente se acortó la lección del pequeño y quedamos solos. Desde las paredes, nos contemplaban partituras, fotos, pergaminos y mil recuerdos más de la carrera de los Hermanos Díaz. Porque eran dos: Julián Antonio y Benicio.

Estamos ante Julián; 61 años cumplidos el 24 de marzo de este año. Enseguida quiere saber de Buenos Aires. Su único contacto con la capital es la radio. "En ella escucho a los solistas-dice-. Quisiera ir a las peñas de Buenos Aires y ver a toda la gente famosa y que ama el folklore".

Julián Diaz, natural del pueblo de Salavina, inmortalizado en varias composiciones musicales, se radicó en Santiago en 1916, para estudiar violín. Había nacido en un hogar de músicos; su abuela tocaba el arpa y la otra abuela la guitarra. Tuvo que abandonar el estudio de violín porque el profesor se mudó de provincia, pero no se resignó a dejar la música. Entonces se compró una armónica y comenzó a sacar en ella, de oído, aires tradicionales. No terminaron allí los inconvenientes musicales. A raíz de una operación de paperas, le prohibieron tocar la armónica, y lo enviaron al campo a recuperarse. Pero tampoco eso fue bastante para amilanarle y se las ingenió entonces para que un peón del campo donde pasaba esas forzosas vacaciones le enseñara tres tonos en la guitarra.

 Cuando regresó a la ciudad, ya la guitarra era su pasión. Algunos pensionistas en su casa tocaban ese instrumento y pudieron ayudarlo a buscar nuevos tonos. Después, se empleó en el Gabinete Dactiloscópico de la Policía y el destino quiso que su jefe, don Manuel Zamora, también tocara la guitarra. Ese fue el lazo más efectivo para iniciar una larga amistad. Y ambos comenzaron un estudio de guitarra por cifra, con gran dedicación y entusiasmo.

Por ese entonces, su hermano Benicio tocaba mandolín y bandoneón. ¿Qué mejor, entonces, que formar un dúo? De entonces, Julián Diaz recuerda con una sonrisa melancólica cómo cada vez que actuaba en público encontraba su guitarra totalmente desafinada, producto de una broma pesada de su hermano.

El dúo de los Hermanos Diaz se inició con un mes en "Achalay Huasi", la peña de moda de ese entonces. Allí se convirtieron en éxitos sus composiciones "La finadita", "La amorosa", bautizada así por Estela Peña, "El pintao", "La vieja", recogida al arpista Gervasio Contreras. "Andando" (vidala), "La olvidada" (Nunca te olvidaremos) y muchas más que casi se folklorizaron de tan populares.

No olvidaron nunca el éxito que tuvieron al lado de Adolfo Abalos en el Palacio Municipal de La Plata, antes de regresar a su provincia.

Julián creó así más de sesenta obras, que se las "pasaba" silbando a su hermano Benicio. Cada nueva obra era es- trenada en una "cacharpaya" por Benicio y allí se la bautizaba. Así pasó con "El pintao", que fue llamado así por Rodolfo Paz, inspirado en un gato manchado.

Una vez llegó a Santiago, en una de sus giras, Atahualpa Yupanqui, y Julián Diaz lo buscó y lo llevó a su casa. De esto hacen ya 35 años de profunda amistad.

La amistad es para Cachilo Díaz un valle donde se refugian todas las personas que lo reconocen. Y también los que no lo conocen pero lo presienten desde el umbral del canto. Hasta los jóvenes, los que quieren beber de la fuente, acuden a su lado desde todos los rincones de nuestra tierra cantora. Hace unos días, fueron Los Peregrinos que llevaron a su lecho de enfermo su acento sureño en canciones de amistad. y consuelo. Los jóvenes Peregrinos cantaron por y para Cachilo Diaz al pie del sol santiagueño, en un simbólico abrazo: de la tradición y su futuro.

La belleza de las melodías, el encanto del ritmo netamente tradicional conquistaron siempre a los oyentes, que aplaudieron fervorosamente sua obras, y también a otros compositores, que desearon hacer su aporte espiritual a ellas. De esta manera fue que Oscar Valles y Atahualpa Yupanqui le solicitaron autorización para poner palabras a su música, y actualmente han salido ya algunas de ellas.

Fallecido su hermano Benicio, se retrae en su refugio provinciano.

Hace pocos años, un espasmo cerebral le dejó como saldo una leve parálisis del brazo y le aconsejaron dedicarse a la enseñanza de la guitarra, como sistema práctico de reeducación del miembro afectado. Desde entonces, su casa está siempre frecuentada por sus alumnos de todas las edades.

Jubilado de su cargo como empleado de los Tribunales, sus alumnos le ayudan a vivir sus horas de música en alegre compañía. Puede dedicar sus horas de paz a la composición. y al estudio de un instrumento que es siempre un misterio.

Conversando con Julián Díaz, casi se nos pasó la hora del almuerzo. Sin embargo, no quisiáramos despedirnos, envueltos como estamos en su mundo de recuerdos, todos gratos. La tarde santiagueña cae a plomo sobre nuestras cabezas que repiten la melodía de "El pintao", mientras caminamos hasta el hotel, que "queda ahicito nomás..."

Alma Garela

Publicada originalmente en Revista Folklore Nº 74 (27/9/1966)

"Así cantaba un paisano, paisano salavinero"

 


¿QUIEN de nosotros no tarareó alguna vez "La olvidada”, “La alabanza” o “La blanca rosa”? Lo hicimos más de una vez por cierto, y por el milagro de la música nos sentimos transportados a la tierra del algarrobo y el chañar: una chacarera juguetona y las parejas que levantan polvareda mientras la bailan...

Ese es el gualicho que encierran todas las obras que nos han entregado a lo largo del tiempo los hermanos Díaz; su música pura, sacada de la tierra misma, nos conduce imaginariamente a sus fuentes naturales. Es mucho lo que les debe el folklore santiagueño a los hermanos Díaz; lamentablemente sólo podemos hablar con uno de ellos, dado que Benicio, a quien apodaban el Zoco, falleció hace varios años (1948).

Conversamos con Julián Antonio, más conocido como Cachilo Díaz; su casa son dos brazos abiertos siempre dispuestos a recibir a los amigos. Allí se realizan fiestas criollas y es dable escuchar a conjuntos o solistas de renombre, que llegan a visitarlo. Entre éstos merece una mención aparte Atahualpa Yupanqui; con don "Ata" no sólo ha firmado obras, sino que hay entre ambos una amistad que nace en viejas cacharpayas, donde juntos supieron pasar horas inolvidables.

UN POCO DE HISTORIA

Julián Antonio Díaz, éste es su nombre completo, nació en Salavina; fue el 23 de marzo de 1905 y eran sus padres Julián E. Díaz y Crescencia Torres.

Desde pequeño se sintió atraído por la música, llegando así a dominar varios instrumentos. Primero fue la armónica; más tarde creyó haber encontrado su verdadera vocación en el violín; tal es así que mientras cursaba sus estudios primarios en Buenos Aires, concurría al Conservatorio de Música que estaba bajo la dirección de los profesores Fracassi y D'Andrea. Al año siguiente (1917), retorna a Santiago, donde continúa rus estudios primarios y comienza con el aprendizaje de la guitarra, progresando rápidamente.

NACE UN DUO

Tiempo después formó un dúa con el Zoco y no había fiesta criolla donde no estuvieran presentes estos dos hermanos. Juntos recorrieron gran parte de Santiago y tuvieron así ocasión de escuchar a los más diversos músicos; pero quizá quienes más contribuyeron a inspirar sus creaciones, fueron esos paisanos lugareños, fieles intérpretes del sentir folklórico.

Los hermanos Díaz supieron escuchar, supieron compenetrarse, y no tardaron en ocupar un primer plano en el campo de la composición. Entre sus numerosas obras, todas ellas de un marcado sabor telúrico, se encuentran: "El pintao", "Achalay", "Don Benicio", "El pilón" (gatos), "La alabanza" (chacarera) y "La amorosa" (zamba); estos dos últimos títulos han cobrado circulación no hace mucho en el mundo del disco: la primera, en versión de Los Huanca Hua, y "La amorosa", con versos de Oscar Valles, ha sido grabada por Los Cantores de Quilla Huasi.

Los Hnos. Díaz también llevaron al disco sus propias canciones; en 1947 grabaron para la R.C.A. Víctor dos chacareras: "La olvidada" y "La finadita", y dos zambas: "La del 11" y 'La amorosa" (sin letra aún).

Al año siguiente fallece el Zoco Díaz, por lo que Cachilo decide hacer acallar su guitarra... Pero al cabo de dos años comprende que la mejor manera de recordar al hermano perdido, es templando dicho instrumento. Fue entonces cuando Cachilo Díaz sintió renacer su fibra de compositor, mereciendo destacarse entre sus últimas obras 'La humilde" (chacarera grabada por Atahualpa Yupanqui y Los Hermanos Simón entre otros) y la vidala "Sentido estoy", dedicada al querido Zoço con letra de Atahualpa Yupanquí.

PREFERIDOS

Cuenta Cachilo que en su infancia escuchó con frecuencia a un violinista no vidente, allá por Salavina; su nombre era Conrado Pérez, y actuaba acompañado por su tío Epifanio. Posteriormente recuerda haber escuchado a otros músicos, pero ningunos tan buenos como aquéllos (habría nacido aquí su presunta vocación por el violín). En cuanto a los artistas profesionales de hoy, admira a los Hermanos Simón por su fidelidad interpretativa.

HOGAR, DULCE HOGAR

Cachilo Díaz está casado con María Luisa Terribile, y precisamente el pasado 17 de junio cumplieron las bodas de plata. Tienen un hijo, Luis Mariano, a quien todos lo conocen como el Tushca; guitarrero y buen bombisto (como todo santiagueño), colabora con el padre en la enseñanza de música nativa...

Nosotros cerramos aquí nuestra nota con la esperanza de haber saldado, en parte, la deuda que teníamos con Cachilo Díaz.

Publicado en Revista Folklore Nº 74 (4/8/1964)


"Soco" Diaz, Músico de la tierra

 Por Atahualpa Yupanqui



Santiago del Estero es una provincia elegida por los viejos Dioses de la armonía. Es un pago milagrero y deslumbrante.

Como tiene poca agua, y las industrias eligieron otras comarcas, le tocó a Santiago la calificación de "provincia pobre".

Pero la compensación está en los hijos de esa tierra. En los hijos con "autenticidad" santiagueña. Es decir, en los que tienen abuelos enterrados en la tierra bien-amada. Porque esos "hijos" mantienen en sus venas el rumor de la leyenda, la "sacha historia" narrada por las viejas pitadoras, en esas horas en que los changos luchan con el sueño, mientras las hachas derribadoras del monte brillan reflejando un pedacito de luna y los diferentes ruidos del campo no son sino rumores musicalizados por un aire livianito; y el yanácari, "atajacaminos" comienza a atravesar su brevísimo ponchazo sobre las huellas, y el cacuy, en el fondo del algarrobal, pareciera señalar al entendido, la senda que lleva hasta la temida y anhela- da Salamanca de la selva.

No es extraño, entonces, que Santiago del Estero sea tierra de músicos. Tierra de trovadores, de rapsodas, de juglares.

Los hubo en todo tiempo, y muy famosos. Can- tores con mentas de "supayoj", es decir, de "endiablados", como el Chumpi Galarza, que caminando desde el sur de Suncho-Corral, entró en campo santafecino -y, dándose cuenta que había "vandeao" su provincia natal, volvió, y rompiendo la guitarra, se perdió en el monte, y nada se supo de él desde entonces.

Tierra de músicos, de los Nachi Gómez, de los Costas, de los Laurindos. Chazarretas, Aguirres, Guilli González, Acosta, Corvalanes, Díaz, Gallardos y Palavecinos.

Esta noche, quiero conversar, entre rasguido y rasguido de Benicio Díaz, nacido en Salavina, buscó la capital santiqueña para sus estudios secundarios. Estoy seguro que se habrá sorprendido al comprobar que en la ciudad no se enseñaba en quíchua, lengua que él hablaba corrientemente.

Soco Díaz estudió música. Tocaba guitarra y bandoneón. Es decir: Estudió solfeo y teoría. Miró sobre el pentagrama los signos que concretaban en cierto modo ese misterioso mundo que le bullía en el corazón desde niño. Porque la música alentaba dentro de él como una necesidad natural de respirar, de mirar, de sentirlo al desierto, a las salinas, a los jumiales, a las represas, de ver su paisaje con amor de "shalaco", y de expresarlo en música, con una chacarera, con un escondido, con una zamba, o una vidala de esas que se dicen a la hora en que todas las palabras se con- vierten en una íntima confidencia.

Soco Díaz era mozo inteligente y bastante versado en muchas cosas. Lo he tratado durante años, y nos dábamos el trato de hermano. Era ingenioso; y alguna vez, por ahí, en cualquier lugar del campo santiagueño, que recorrimos juntos tanto tiempo, hacíame escuchar un aire de chacarera bien quichuista, y luego, para pedirme que la repitiera yo en guitarra, me decía: "Traducíla". ... Y, en verdad, había que traducirla, del quichua al español, musicalmente hablando.

Otra vez, un director de banda le pidió una música, y leyéndola rápidamente, quiso saber el tiempo de una frase; y le preguntó a Díaz: "Dígame, Díaz, ¿esto va en tiempo "vivo" o "moderato”?". Y el Soco le respondió: "Vea: como si quisiera disparar... Pero después de haber almorzao, sabe?... Le encantaban las ocurrencias. Pero en materia de música, de composición, ya no había bromas. Era serio, y, muchas veces, in- tolerante, exigente. El pensaba que variar una frase de una vidala de Salavina era como arrancar un algarrobo secular para plantar una dalia o cosa así, en su lugar.

Su música era perfectamente bailable. Si lo sabrán los paisanos de allá.  Pero era gratísimo escucharla en silencio, por la noche, cuando el airecito hamacaba los aromas del jume y el poleo, y el patio parecía combo bajo la luz de una vela de largo pabilo, escondida entre las macetas, "pa que dure"...

Alguna otra vuelta seguiremos conversando sobre este Benicio Díaz, entrañablemente santiagueño, y con un universo en su emoción de músico de la tierra. Por ahora, dejemos que avance el recuerdo de sus melodías, que nos compensan de horas ingratas, de muchos sinsabores sin belleza. Sus melodías apuntalan el alma criolla y nos hacen sentirnos más argentinos: argentinos con ganas...

Publicada originalmente en Revista Folklore el 1/04/1962


El ritmo tiene un nombre: Domingo Cura / Prudencia y humildad, condiciones del bombisto

 


La melodía de nuestra música nativa es, en general, fácil y hasta pegadiza Carece de atonalidades y variaciones, como que deriva de la creación popular, que siempre es simple. Pero con el ritmo pasa otra cosa. El ritmo el de las chacareras, el de las zambas, el de las vidalas es un apoyo oscuro, pero real, a veces no demasiado evidente, pero siempre presente. Y para esa condición un poco clandestina, el ritmo no siempre es apreciado como se debe. Es materia para iniciados. Para conocedores. Y para sentidores".

Por ahí escuchamos tocar una chacarera. Un ruidoso bombo le hace el acompañamiento rítmico. Y no es el ritmo de la chacarera. O escuchamos una zamba y el 3 por 4 que la ayuda resulta demasiado apurado o demasiado estridente. Y entonces no es ritmo de zamba. El ritmo impecable, el que se Dos va entrando al corazón como un latido devuelto desde afuera, es el que apenas se escucha, el que da la arquitectura secreta, discreta, de la melodía. Un ritmo como el que hace Domingo Cura.

Hay una clave, naturalmente: Domingo Cura es santiagueño, de la misma ciudad. Y ya se sabe que los santiagueños tienen el ritmo metido en sus huesos, en los secos huesos de Santiago del Estero con que se abonaron los cimientos de tantas ciudades.

Ese ritmo les viene misteriosamente de la tierra, el monte, el salitral, el río... ¿Por qué será? Nadie lo sabe. Pero Cura es el bombo caminante de Santiago, Empezó acompañando a un cuñado que no es un cuñado cualquiera porque se llama Hugo Díaz: un monstruo que hace con la armónica lo que no se podría hacer con una orquesta sinfónica. Cura tenía 10 o 12 años y otros tantos su acompañante.

¿Quién le enseñó a tocar el bombo, Domingo?

- Nadie contesta con esa voz humilde, mediterránea, en la que la "ese" santlagueña se pierde detrás de la "e". Nadie le enseñó, O sea, todo se lo enseñó la gente, el ruido, el baile, el canto de los chilicotes, la caída del agua en una piedra... Nadie. Todo le enseñó el ritmo universal.

-Después vinimos a Buenos Aires y yo seguí trabajando con Hugo durante cinco años. Después empecé a grabar acompañando a muchos conjuntos como Las Hermanas Verón, Los Quilla Huasi, Martinez - Ledesma, y ​​prácticamente con todos los folkloristas. Son muy pocos los vocales e instrumentales y los conjuntos que en algún momento no hayan tenido mi acompañamiento...

-¿Solamente folklore?

-Solamente folklore. Y a veces acompaña otros ritmos -Chico Navarro, por ejemplo, o Palito Ortega, Lucho Gatica, Vicentico Valdés, Nat King Cole. Pero en estos casos utilice otros instrumentos de percusión.

¿Qué le resulta más grato acompañar? Folklore u otros ritmos?

-El folklore, por supuesto. Lo hago con más sentimiento. Con el bombo apoyado en la rodilla me siento rey del mundo...

¿Cuál es el misterio o el secreto del bombo?

Saberle sacar un sonido y matizarlo discretamente, No se trata de tocar fuerte. sino de hacerlo hablar, Y sobre todo, no sentirse más importante que el solista; ayudar, apoyarlo, darle los compases y estarle atrás sin molestarlo, pero sin pretender aparecer en primer plano,

-Es un oficio de humildad

De prudencia, diría yo. Siempre hay que saber estar en el lugar que corresponde. Pensamos que In deformación profesional que tiene Domingo Cura como la tienen todos los profesionales es precisamente la humildad, la prudencia. Se percibe en su tono de voz, medido, quedado, casi inaudible por veces; en su actitud que es la misma actitud del paisano del interior cuando pide permiso para pasar sin pretender atropellar nunca. Y pensamos que ese oficio de humildad y prudencia sólo puede ser ejercido por quien tenga especiales condiciones personales.

¿En qué grabación se sintió usted más importante?

-En la "Misa Criolla". Yo estuve allí a carga de la percusión. Al lado mío estaban Chango Farías Gómez, Alberto Alcalá, Jorge Padin, José Correales y Alfredo Remus, Yo los dirigía y realmente sentí que ese era el momento más importante de mi vida artística.

-¿Cuál es el mejor baterista contemporáneo argentino?

Jorge Padín; es el más completo.

-¿Qué opina de Chango Parías Gómez en el bombo?

Es extraordinario...

-¿Mejor que usted?

Cura se ríe y piensa un rato. Luego contesta:

-Es el mismo estilo. Los dos sentimos lo mismo. Tocamos diferentes en la posición de sostener el instrumento, pero tocamos muy parecido..

Prudencia y humildad: el oficio de Cura salta hasta en las respuestas.

 -¿De qué material tiene que ser el bombo de calidad?

Tronco de ceibo porque la madera terciada no le da el sonido que debe tener: también puede hacer de quebracho blanco, pero a mí me gustan los bombos hechos de ceibo. El cuero puede ser de cabra: puede ser de vaca, pero el cuero de cabra se afina mejor que el otro. Los palos pueden ser de cualquier material; la maza la hago con algodón prensado. Con esos elementos ya se puede decir que el bombo es bueno.

-Pero para que el bombisto sea bueno..

 -Bueno, para eso tiene que gustarle mucho el folklore, sobre todo cuando debe tocar chacareras truncas, que es lo más difícil para acompañar. Nadie puede hacerlo. Por ejemplo, Chango Farías Gómez y su hermano Pedro pueden acompañar bien una chacarera trunca; Ese muchacho Abalos que acompaña a Alberto Ocampo también es un excelente bombisto. Y Vitillo Abales, el bombisto que más admiraba.

El bombo es un instrumento bastante folklórico; ¿No es cierto, Cura? ¿No se usa en ningún otro ritmo?

No. Solamente para folclore

-De modo que es un instrumento parcialmente nuestro.

Si. Y no solamente nuestro, sino que no lo veo acompañando ningún ritmo extraño.

-Cura, una palabra más: ¿qué está haciendo ahora?

Estoy de percusionista en Canal 11. Sigo grabando con muchos artistas, Mercedes Sosa, Jaime Torres, Ariel Ramírez, etc. Actuó en "Poncho Verde". Y así andamos.

 -¿Gana bien?

Gana bien, No hace falta que la prudencia y la humildad de Cura nos lo digan. Es un gran artista, atrás de su que su humilde hay instrumento. Y hay que pagarlo bien. Porque en la Argentina, cuando se escucha un bombo diciendo su parte desde atrás, sin bambolla, sin alharaca, haciendo su papel Justo y precisa, calentando el alma maravillosamente, podemos afirmar sin temor de equivocarnos que ese es Domingo Cura.

Publicada originalmente en Revista Folklore el 2/05/1968


viernes, 11 de febrero de 2022

Serenata a Santiago

 


 

Serenata a Santiago 

Letra: Pablo Raúl Trullenque

Música: Cuti Carabajal

 

Mi ciudad de Santiago

Hoy madre de ciudades

Hay un niño en mi alma

Que lejos te llora;

Él te escribe estos versos

Nostálgicos, remotos.

Son hojas otoñadas

Que caen del corazón.

 

Es un poema escapado

De un gol del Ita Luna,

De una piña de Chiro,

De un doble de Lledo.

De una noche cuajada

De estrellas y vidalas

Y de una chacarera

Que nunca se cantó.

 

Estribillo

 

Ciudad de mis amores

Bella novia del Dulce;

Santiago del Estero

“patio de mi niñez”

Donde jugo mi infancia,

Soñó mi adolescencia

Oyendo en la retreta

Un vals de don Andrés.

 

Tu Mercado Armonía,

Sahumerio campesino,

Y tus barrios morenos

Inundados de sol.

Tus tardes sin palabras

Sobre la costanera

Son trovas que soñara

La pluma de Feijoo.

 

Ya no cantan las lluvias

En tu acequia Belgrano

Y ni el ciego Laureano

Vocea El Liberal.

Metida y carambola

Se fueron con el Tokio

Todo esto solo vive

Hermano en este vals.

 

 

 

jueves, 10 de febrero de 2022

Vivir es solo una suerte

 Pablo Raul Trullenque

Tan corta la vida humano

Lo mismo que una cuadrera

No la vivas mosqueteando

mejor ser de los que apuestan

 

No quiero morir debiendo,

dios, al boliche terreno

dejame saldar la cuenta

antes de ir al pago eterno

 

Cuida de la vida, el techo,

Ese que tu dicha alberga

Para que después tus hijos

No anden tapando goteras.

 

Estribillo:


La vida y la muerte hermano

juntas nacen, viven y mueren

con las dos, hay que avenirse.

Vivir es solo una suerte.

 

Muy rápido y desparejo

Igual que cigarro en chala

La vida se va quemando

Despacito hay que pitarla.

 

Ella que todo nos brinda

porque tan mezquino el hombre

si en la vida no compartes

serás un muerto muy pobre.

 

El hombre es irrepetible

Y es él y lo que lo abarca

Quien vive y piensa en ajeno

Anda y no deja su marca.

 

 

 

 

 

 

domingo, 23 de enero de 2022

La anécdota que dio nacimiento a “añorando” de Los hermanos Simon

Por Roberto Vozza



Mañana de mañanita
Y si mi zaino se anima
De un galope tendido
Me vuelvo pa´ Salavina.

Desandar el tiempo, recordar momentos y vivencias, es lo que permite descubrir con cariño y nostalgia el protagonismo de quienes cultivando el acervo popular folklórico fueron sumando paginas inolvidables a nuestro rico cancionero.

Ruben Palavecino, en estas horas precisamente evocó el encuentro de su padre, el mítico Don Sixto, con José Simón, integrante de aquel famoso conjunto integrado por los hermanos homónimos.

Palavecino habia dejado hacia poco su Salavina natal junto con su familia para trasladarse a Santiago e instalarse en el capitalino barrio Almirante Brown con su peluquería. Era consciente de que allí sus hijos, Haydee, Carmencita y Rubén, se iban a forjar un porvenir en su formación intelectual como finalmente. Pero era profunda la nostalgia por su pago.

En aquel encuentro con Simón, éste le pregunto…” Sixto, extrañas el pago”?... “La pucha!... mirá José… si tuviera un zaino te aseguro que me voy volando para allá, ahora mismo”, le contestó.

Esa frase habrá de inspirar a Simón para escribir la letra y luego con sus hermanos componer la chacarera “Añorando” en homenaje a tan auténtica nostalgiosa vivencia del músico salavinero.
Así nació “Añorando”…


AÑORANDO

Estoy en tierras lejanas
Y una pena me domina
Cuando recuerdo el pago
El pago de Salavina.

Mi ranchito rivereño
Mi morterito añapero
Mi linda majadita
Y mi perrito ovejero.

Mi guitarra compañera
Con su fundita de lienzo
Colgadita de un clavo
Junto a mi catre de tientos.

Mañana de mañanita
Y si mi zaino se anima
De un galope tendido
Me vuelvo pa´ Salavina.

Temblor de algarrobales
Sombritas de los aleros
Si abre escuchao de fiestas
A los viejos vidaleros.

Arroyos de torcacitas
vienen del monte vecino
Y una canción que pasa veloz
Las aguas del río.

Parece patay la luna
Tu cú tu cú las estrellas
Plantitas de poleo
Van aromando la senda.
Fuente fbk/patio santiagueño